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10 marzo 2009

Decisiones incorrectas

Era su primer día de trabajo y estaba muy nerviosa. Después de haber dado a luz y prácticamente haber criado ya a 3 hijos, había decidido volver a trabajar. Las paredes de casa hacía ya tiempo que se le caían encima y necesitaba conocer a gente nueva. Su matrimonio se había convertido en algo monótono y aburrido. Hasta su libido, que años antes había estado en pleno apogeo, ahora se veía apagada, así que había decidido hacer un pequeño cambio en su vida y volver a formar parte del mundo laboral.
Había llegado muy pronto a su puesto de trabajo y su nuevo jefe comenzó a explicarle en que iba a consistir su trabajo y quienes iban a ser sus compañeros. Trabajaría con tres chicas y un chico. Las muchachas ya estaban en su lugar de trabajo pero Javi no había llegado aún. Justamente comenzaron a nombrarle cuando apareció por la puerta. Era un chico alto y apuesto. No era muy delgado pero el traje negro que llevaba le estilizaba la figura y le daba un aspecto distinguido. Tenía los ojos azules, el pelo castaño muy clarito y las facciones de la cara muy marcadas. Entró con una sonrisa en los labios y en seguida se puso a trabajar. Para Diana aquel fue un día que cambiaría su vida.
Las semanas pasaron y la relación con Javi se iba estrechando cada vez más. No pasaba día sin que fueran a tomar el café juntos o en que no se explicaran cosillas mutuamente. Javi acababa de salir de una relación tormentosa en la que su ex mujer se había quedado con todo: la casa, los niños, el coche y hasta su home cinema, que tanto le había costado comprar. Ella no pasaba por un buen momento emocional: los niños ya eran mayorcitos, su marido cada vez parecía más un mueble de la casa que un ser humano y debido al paso de los años veía que, pese a sus esfuerzos por mantener la forma, su figura se iba estropeando. Diana sentía que su vida comenzaba a carecer de sentido pero cada vez que se encontraba junto a Javi parecía que las cosas eran distintas. Ambos comenzaron a tontear y a Diana cada vez le costaba más quitarse a Javi de la mente. Sentía que se estaba enamorando de aquel hombre que era distinto a todo lo que había conocido hasta entonces. Él comenzó a camelarla, pues vio en ella algo más que una compañera de trabajo.
Llegaron navidades y con ellas la famosa cena de empresa. Pasaron toda la noche juntos. Bailaron, se rieron e incluso estuvieron cantando en el karaoke. Al final de la noche Javi se ofreció a llevar a Diana a su casa y una vez en la puerta intentó besarla. Ella no quería serle infiel a su marido pero sentía que deseaba aquel beso más que nada en ese instante. Aún así le apartó la cara y le dijo que mientras estuviera junto a su marido no quería liarse con nadie. Él acepto su decisión y le pidió disculpas por su atrevimiento. Ella le prometió pensarse lo suyo, pues con su marido no estaba bien y era inútil perderse algo tan bonito como lo que podía suceder entre los dos. Pocos días después Diana habló con su marido y le explicó la situación. Él reconoció haberse dado cuenta de que otra persona rondaba por la cabeza de su mujer, pues había vuelto a ver en ella aquella sonrisa de cuando estaban realmente enamorados. Evidentemente, no le gustó la idea de separarse de la única mujer que había amado de verdad, pero justamente porque la quería no deseaba atarla a su lado si así no iba a ser feliz.
Pasaron las fiestas navideñas y volvieron al trabajo. Allí, Javi la recibió con un caluroso abrazo y una gran sonrisa. Ella le explicó que lo había dejado con su marido y que en aquellos momentos vivía de alquiler en un pisito que quedaba cerca del trabajo. Le propuso que se fuera esa noche a cenar a su casa y así estrenar el piso. Javi confesó que aquella noche no le iba muy bien pero que el viernes siguiente lo tenía libre y estaría encantado de cenar con ella.
Habían estado tonteando tanto tiempo que a Diana le daba la impresión de que mentalmente, ya habían estado saliendo juntos. Aquello era como una formalización de su relación, ahora que ya no le ataba nada a su ex marido. Realmente aún no se había divorciado pero hacía ya 3 semanas que no estaban juntos. Se sentía culpable por lo que estaba haciendo pero en el fondo deseaba tanto estar con Javi que cuando pensaba en él no podía evitar que una sonrisa se le dibujara en los labios.
Pasó toda la semana pensando en aquella cita. Se compró un nuevo conjunto de ropa interior, uno negro y rojo que le resaltaba el pecho y dejaba muy poco a la imaginación. Para la cena habían quedado en el restaurante de la esquina. Era un restaurante bastante elegante y Diana no quería destacar, así que se vistió con sus mejores galas para aquella cita. Se habían visto en la oficina por la tarde y a ella le parecía una eternidad tener que esperar hasta la noche para poder volver a verse. Era como si el timbre no fuera a sonar nunca. Al fin sonó. Diana bajo corriendo y sólo verle se tiró a sus brazos y le besó. Él la apartó con brusquedad y le dijo que eso mejor lo dejaran para después de cenar. Ella no comprendía muy bien que estaba pasando pero no quiso darle más vueltas al asunto.
Fue una velada perfecta: una buena cena, un buen cava y por supuesto la luz de las velas. Cuando acabaron de cenar y salieron dirección a casa de Diana el semblante de Javi parecía distinto. Era como si la malicia se hubiera apoderado del rostro del dulce Javi. Era como si la persona que se presentaba ante ella no fuera la misma que había cenado con ella momentos atrás. Subieron al piso y una vez en allí Javi le arrancó la ropa. A Diana le pareció una manera un poco brusca de empezar su relación pero no dijo nada y decidió dejarse hacer. De repente la tiró a la cama y le arrancó el conjunto nuevo, desgarrándolo como si fuera de papel. En ese momento Diana comenzó a asustarse y decidió parar con su relación pero él no la dejó. Rebusco entre los cajones hasta encontrar dos pantis que iban a servirle de cuerdas y la ató a la cama. Diana empezó a revolverse y a chillar en busca de ayuda pero el le tapó la boca, primero con la mano y luego con un pañuelo. Las lágrimas resbalaban por las mejillas de Diana mientras Javi se reía y le repetía que si era una prostituta, así la iba a tratar. La abrió de piernas mientras ella se agitaba intentando deshacerse de sus ataduras e intentando evitar lo que parecía inminente: una penetración a la fuerza. Javi no pensaba irse de allí sin lo que había ido a buscar así que cogió dos pantis más y le ató las piernas abiertas a los extremos inferiores de la cama. Ahora estaba totalmente atada y no podía moverse ni chillar. Comenzó a llorar desconsoladamente y pedía por favor que aquello acabara rápido, pero él se lo tomo con calma. Una vez atada su víctima las cosas serían más fáciles, así que se desvistió con la calma, se la miró y sin pensárselo dos minutos más la penetró con fuerza. Ella emitió un chillido ahogado por el pañuelo, pero él contra más la veía sufrir más se excitaba. La penetró una y otra vez mientras ella intentaba no pensar en lo que estaba sucediendo. Cuando se cansó de penetrarla se apartó de su cuerpo y comenzó a desatarle los pies. Ella creía que había acabado pero aún quedaba lo peor por venir. Una vez le hubo desatado los pies la giró bruscamente y la ató en la cama boca abajo. En esos momentos temió lo peor y sus peores pesadillas se hicieron realidad. Estaba sangrando mucho pero eso no detuvo el acto de su agresor que una vez la tubo tumbada la penetró por detrás. Entró y salió hasta llegar al orgasmo mientras ella mordía el pañuelo y lloraba. Nunca pensó que le pasaría algo por el estilo y, a parte del dolor, se sintió humillada y traicionada. Cuando acabó, Javi, no se dignó ni a mirarla. Simplemente se vistió y justo antes de salir se dio la vuelta y la miró con aires de desprecio.
Pasaron dos días hasta que su hermana preocupada porque no sabía nada de ella y no cogía el teléfono cogió la copia de las llaves y fue a ver que sucedía. Entro por la puerta y vio el vestido desgarrado en el suelo. En ese momento sus ojos se llenaron de lágrimas. De alguna manera intuía lo que había pasado, así que corrió a la habitación a ver si Diana estaba allí. Se derrumbó cuando la vio atada boca abajo y observó todas las sabanas manchadas de sangre. Sin pensarlo dos veces llamó a una ambulancia que en pocos minutos estaba allí.
Cuando se recuperó, Diana le contó a su hermana todo lo que había pasado. No sabía como había llegado a esa situación pero se sentía totalmente humillada. Pocos días después pasó a verla su ex marido a quien también le explicó la historia. Él le dijo que la acompañaría a denunciar al demente que le había hecho eso y que si quería podía volver a casa. Diana sentía que no merecía todo lo que su ex le estaba ofreciendo pero se sentía tan sola que aceptó.
Pasaron unos meses hasta que atraparon a Javi, pero finalmente la justicia cumplió con su deber y lo castigó por todo lo que había hecho. A partir de aquel día Diana prometió no volver a separarse de aquel hombre que, aún cuando menos lo merecía, había estado a su lado.

11 febrero 2009

Cambios

Había oscurecido y por fin podía salir. No se acostumbraba a su nueva vida. Se había empeñado en ser convertida por aquel vampiro que lo único que deseaba era morir a manos de una mujer hermosa. No era consciente de lo que conllevaba la eternidad pero si comenzaba a notar lo que la soledad podía hacer en una persona acostumbrada a la vida social. Había estado saliendo todas las noches pero no se atrevía a acercarse a nadie por miedo a que su secreto se desvelara, pero hoy había decidido buscar a alguien que le hiciera compañía. Anduvo por las calles de la ciudad buscando a alguien a quien convertir. Sabía que no era una decisión trivial, pues debía ser alguien con quien poder pasar todas las noches. Volvió a los locales donde solía salir cuando aún era una simple mortal y buscó a esa persona que había sido mucho más que su amigo y mucho más que su amante. Daniel estaba, como siempre, en la barra del fondo del local con su cerveza en la mano y siguiendo el ritmo de la música con la cabeza. Ana se acercó a él y se tiró a sus brazos sin pensárselo dos veces. Si había alguien en el mundo en quien podía confiar y con quien quería estar era Dani.
Se habían conocido hacía ya 10 años, cuando había comenzado a interesarse por la ropa negra, la música gótica y las novelas de vampiros. Nunca pensó que esas cosas fueran tan reales. Cuando le conoció no pensó que su relación sería tan apasionada. Nunca fue realmente una relación de amor, pues realmente no se querían como una pareja normal. Lo suyo era más bien atracción física. En realidad no sabía porque le había elegido a él. Bueno sí, por sus ganas de aprender cosas nuevas, por su paciencia y por ese carácter abierto que siempre le acompañaba. Dani era una persona sencilla que no se enfadaba casi nunca y eso a Ana le atraía, pues ella era una mujer inquieta y con un carácter muy fuerte. Quizás por eso se complementaban. Pensó en la primera vez que se habían acostado. Llevaban meses tonteando y jugando de una manera abierta pero que parecía que nunca iba a terminar en su fin. Finalmente un día, por casualidad, se quedaron solos después de una noche de fiesta. Dani la acompañó a casa y cuando llegaron a la puerta se la quedó mirando fijamente a los ojos. Ella se acercó para besarle la mejilla pero él giró la cara y la besó en los labios. Naturalmente, ella no se resistió y le devolvió un beso apasionado que desencadenó a una invitación a subir. Una vez en su habitación él comenzó a acariciarla y quitarle la ropa lentamente. Ambos estaban saboreando ese momento que habían imaginado tantas veces. Ella no tardó en quitarle la camisa, los pantalones y toda la ropa que llevaba. Una vez desnudos y sin saber bien porqué se quedaron mirándose a los ojos y luego se fundieron en un beso tierno pero salvaje a la vez que les llevó a fusionarse hasta convertirse en uno. Dani la cogió con fuerza y la lanzó a la cama. Se subió encima de ella y comenzó a penetrarla con fuerza. Ella gemía de placer y se dejó hacer hasta que sintió unas ganas irrefrenables de ser ella la que dominara el juego. Se levantó y tumbándolo en la cama comenzó a recorrer su cuerpo con sus labios sin dejar un resquicio de piel por explorar. Luego tomó las riendas y fue ella quien empezó a hacerle el amor. Aunque todo fue muy apasionado los dos lo hicieron con ternura, pues de alguna manera sentían admiración el uno por el otro y aquello creaba un vínculo especial entre ellos que, aunque sabían que nunca llegaría a relación, les uniría de una manera muy especial.
Se habían liado alguna vez que otra más pero aquella relación no pasó de ser una amistad especial. Ahora Ana necesitaba de esa amistad para poder afrontar el reto que se le había presentado, o más bien, que ella solita se había buscado. Estuvo toda la noche de fiesta con Daniel y la verdad es que lo pasó genial recordando viejos tiempos. Una vez cerró la discoteca fueron a dar un paseo por la playa. Ninguno de los dos podía recordar la última vez que lo habían hecho. Estuvieron hablando un largo rato hasta que Ana se decidió a contarle su historia. Dani se quedó perplejo ante lo que le estaba contando su amiga y la verdad es que no supo que decir. Se la miró con ternura y le contestó que no era una cuestión que pudiera decidir tan a la ligera, pues suponía dejar el mundo tal y como lo conocía. La verdad es que había conocido a una chica y, aunque aquella noche no habían podido salir juntos, desde hacía dos semanas eran casi inseparables. Eso complicaba las cosas y Ana no quería hacer sufrir a una de las personas a las que más quería así que le dijo que no se preocupara, que mientras pudiera contar con él para quedar o charlar o simplemente para poder verle, a ella ya le ayudaría con la soledad en la que se estaba adentrando. En un instante y casi sin que Dani pudiera darse cuenta Ana había desaparecido.
Ana pasó noches pensando que podía hacer para deshacerse de la soledad que en esos momentos la rodeaba. No podía obligar a Daniel a dejar su vida por un error suyo, pero tampoco quería estar sola. Noches más tarde volvió a la discoteca de siempre para pasar sus últimas horas con él. Estaba decidida a arreglar lo que había estropeado y pensaba pasarse su última noche con la persona a la que más apreciaba. Pasaron la noche bailando y riendo y finalmente ella le comunicó su idea de partir hacía el sol. Él sabía que significaba el sol para un vampiro y no estaba dispuesto a permitirlo, al fin y al cabo, no se entendía ni se entendería mejor con nadie, así que tomó una determinación. El también quería ser vampiro. La verdad es que era un mundo que nunca le había atraído pero ella había hecho que progresivamente le gustara más y más, así que no vio motivo para no acompañarla en ese largo viaje. Sólo le pidió poder despedirse de Marta. Ana aceptó sin pesarlo dos veces y quedaron para la noche siguiente.
Daniel se pasó el día arreglando cosas y pensando en la nueva vida que le esperaba. Por la tarde quedó con Marta y le explicó que debía partir y que no podía darle más explicaciones. Habían pasado unas semanas maravillosas pero su relación no podía prosperar así que prefería apartarse de su vida. Ese día Dani decidió ver su última puesta de sol desde lo alto de la colina que quedaba a las afueras de la ciudad. Después volvió a la gran metrópolis y fue al punto de encuentro. Allí estaba Ana, esperándole impaciente. Se acercó a él y le besó. Acto seguido le mordió y sintió una excitación muy parecida a la del orgasmo. Nunca pensó que encontraría tal placer en la sangre. Segundos más tarde Daniel se retorcía en el suelo mientras Ana le explicaba que se tranquilizara, que no estaba muriendo él, sino su cuerpo y que ese dolor se le pasaría en breve. Poco después los ojos color miel de Dani se tornaron de un gris blanquinoso, sus uñas crecieron y su piel empalideció. Se había convertido en vampiro y estaba preparado a pasar toda una vida con su mejor amiga.

10 febrero 2009

Remordimientos

“He amanecido en una bañera de sangre, con lágrimas en mis ojos y cuchillas en mis manos”

Eyaculación Postmortem



Llegaba tarde del trabajo, otro día más. Ya no recordaba cuanto hacía que no salía a su hora. Sacó las llaves del bolsillo y pensó en ella. Se preguntaba como estaría hoy. Últimamente había estado muy decaída y la verdad es que ya no reconocía la mujer de la que se había enamorado. Había perdido la luz en sus ojos. Esos ojos azules que tanto le gustaban habían perdido su brillo. No tenía ganas de aguantar otra bronca nueva. A saber porqué se enfadaba esta vez. Metió la llave en la cerradura y escuchó el terrible silencio que inundaba la casa. Tanto silencio no era normal, ni siquiera la tele, con esos programas absurdos que ella veía, estaba encendida. Seguramente había salido a dar una vuelta o a comprar. Mejor así. Se daría una duchita y se pondría el pijama. Tenía ganas de ponerse cómodo. Entró en la habitación y se preparó las cosas. Luego fue a la cocina, encendió el gas para el agua caliente y se dirigió al baño con la radio y toda la ropa. Abrió la puerta como pudo y encendió la luz. Un chillido escalofriante salió de su boca cuando la vio a ella en la bañera, con las manos colgando y unos grandes cortes en las muñecas. Se acercó corriendo, su corazón aún latía. No se lo pensó dos veces, sacó el móvil del bolsillo y llamó a una ambulancia, sólo esperaba poder llegar a tiempo, pero su pulso era ya muy débil.
Pensó en todos aquellos días, en las peleas, en sus ojos azules que permanecían cerrados. ¿Cómo habían llegado a esta situación? Se preguntaba por qué había hecho eso su pequeña princesa. No había sabido darse cuenta de la situación, de lo que estaba pasando y ahora lo iba a pagar muy caro. No quiso pensar en ello. Prefería pensar que la ambulancia llegaría a tiempo para salvar a la persona que más había querido en el mundo. Comenzó a recordar el día en que se conocieron, en el parque. Era verano y ella llegó con su scooter. Bastó con que se quitara el casco y cuando vio esos tiernos ojos azules supo que se había enamorado. Desde aquel día no dejó de perseguirla hasta que consiguió salir con ella. No había sido tarea fácil, pues era una muchacha muy bella y todos la cortejaban. Había tenido que aguantar verla con algún que otro chico antes de conseguir salir con ella pero por fin lo había logrado. Fue aquella noche vieja, el día de su cumpleaños. Él le había regalado una pulsera cuando por fin consiguió que se quedaran a solas y ella se lo agradeció con un beso. Desde ese momento habían sido inseparables.
Habían estado saliendo durante 5 años hasta que él se decidió a pedirle que se casaran. Había ido a comprar el anillo más bonito que podía imaginar. El diamante que llevaba incrustado la había dejado sin palabras pero finalmente aceptó la propuesta. Se casaron un día de todos los santos. A él le parecía un día un poco raro para casarse pero a ella le hacía tanta ilusión que no pudo negarse. Se habían casado en un pequeño castillo a las afueras de la ciudad. La ceremonia la había oficiado un tío suyo, que era juez, en medio del gran jardín y todo había sido como un sueño. Ella iba con un bonito vestido victoriano de color granate y negro y el iba del mismo estilo, con su camisa con piano y su chaqueta a juego con el vestido de ella. La velada había sido maravillosa y todo había salido a pedir de boca. Estaba seguro que había sido el día más feliz de su vida, pues se había comprometido a cuidar y querer a la flor más bonita del jardín. Hacía ya dos años de aquello.
Últimamente ella había perdido la vitalidad. No sabían porque pero estaba mucho más deprimida y él no supo darse cuenta. Había estado muy ocupado con el trabajo, pues para conseguir mantener la empresa a flote había tenido que dedicarle muchas horas. No podía dejar de sentirse culpable por lo que ella había hecho. Pensó que quizás no le había dedicado el tiempo que se merecía. ¿Cuánto hacía que no salían a cenar los dos solos? Como cuando eran novios. Se acordó de lo que prometió cuando se casaron y pensó que no lo había cumplido. Se quedó mirando su cuerpo y esperó que no se le fuera la poca vida que le quedaba, pues con ella se iba también parte de él. Más bien todo. Pensó que no sería capaz de seguir adelante sin ella, pues ella era su vida.
Estaba sentado junto a ella, aguantándole la mano, cuando llamaron al timbre. Habían pasado los 20 minutos más largos de su existencia pero por fin estaba allí la ambulancia. Les abrió y los condujo hasta el cuarto de baño dónde estaba ella. Su cuerpo yacía ya sin vida en la bañera, no habían llegado a tiempo. Pensó que otra vez no había hecho todo lo que podía por evitar aquella situación y se derrumbó. Poco después estaba allí la policía y el juez que daría su aprobación para levantar el cuerpo. No se movió del baño en todo el proceso y con lágrimas en los ojos vio como se llevaban a la única persona que había conseguido amar de verdad. Cuando se la llevaron salió corriendo detrás del cuerpo. No quería separarse de ella, pero no le dejaron subir a la ambulancia que la llevaría al tanatorio y se quedó allí, inmóvil, viendo como se alejaba la ambulancia y con ella su único y verdadero amor.

20 enero 2009

Amores sangrientos I

Allí estaba, con su sangre en las manos y los dos cuerpos tumbados en el sofá. No podía creer lo que acababa de ocurrir y mientras tanto las sirenas sonaban distantes pero cada vez más cercanas.

No sabía como había sucedido, pero recuerda, como si fuera hoy, el día en que ella entró en su habitación para enseñarle el nuevo vestido rojo que se había comprado por su cumpleaños. Estaba más bonita que nunca. Fue entonces cuando se dio cuenta de que la quería. No la quería como la había querido hasta entonces, sino que ahora la deseaba. Deseaba arrancarle ese vestido que no dejaba demasiado a la imaginación. La tela se arrapaba a sus curvas y se ceñía a sus pechos marcando unos senos redondos y firmes. Los zapatos de tacón de aguja que le había visto tantas veces ahora parecían distintos. Resaltaban sus gemelos y la hacían más elegante aún. Ese día cambió su vida.

Dos días después fue a su casa tras un largo día en la oficina pensando en ella y sin poder concentrarse. Ella le había invitado a cenar, como tantas otras veces desde que había decidido vivir solo. Esta vez la casa olía diferente y ella estaba distinta. La cara le brillaba y una enorme sonrisa inundaba sus labios. Tenía la cena hecha, había cocinado su plato favorito. Hacía mucho tiempo que no la veía sonreír así y él sabía que no era su persona el motivo de tanta alegría. Sabía lo que ocurría, pero no quería reconocerlo. Al día siguiente se presentó en su casa con un enorme ramo de flores y una caja de bombones. No iba a permitir que ella se alejara de él y pretendía volver a recuperar su entera atención. No soportaba la idea de que ella se acostara con otro hombre, aunque sabía que no podía evitarlo. Durante días la llenó de regalos y, aunque ella no comprendía el motivo, la mimó de una manera insana.

Pasaron los días y su obsesión se había hecho desesperante. No podía sacarse su imagen de la cabeza. Sólo tenía pensamientos para ella. Para ella y para el hombre que la estaba poseyendo día tras día sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Era consciente de su situación. Sabía bien que ella nunca le amaría de la misma forma en que él la amaba. No podía mirarla sin pensar en arrancarle todas las piezas de ropa, una a una. Desnudarla despacio y poseerla de tal manera que la noche se hiciera interminable. Pensaba en como le arrancaría los botones de aquella blusa negra ajustada que marcaba su figura de una manera muy sutil. Como con cuidado desabrocharía el sujetador sin que ella pudiera darse cuenta de cómo había sucedido. Le besaría todo el cuerpo, sin dejar un resquicio de su piel por donde no hubieran pasado sus labios. La amaría y la poseería como si fuera lo único que pudiera hacer en este mundo. Pero eso no era posible. Sabía que soñaba y sin embargo no podía dejar de hacerlo.

Pensó mil veces en contarle su situación y explicarle sus sentimientos, pero no se atrevía. Sabía que lo que él sentía no era correspondido y, aún peor, no era correcto. Estaba enamorado de la persona equivocada. Ella no podría ser nunca su pareja y él lo sabía. De repente, pensando en ello, le dio un repentino ataque de celos y golpeó el cristal de su ventana. Estaba sonando su canción, la misma canción que sonaba aquel día en su cuarto cuando ella entró con el vestido rojo: “The first en last always” de Sisters of Mercy. Para él, esa canción había tomado un significado especial pero para ella seguía siendo una canción más. Vio como su sangre corría por su mano y como los pequeños pedacitos de cristal se habían quedado incrustados en su piel. Quiso salir corriendo a curárselo, pero sus piernas se habían quedado inmóviles. Se dejó caer en el suelo y arrancó a llorar. No podría ser suya nunca y tenía que aceptarlo. Se levantó y fue al cuarto de baño. Allí se lavó la mano, se quitó los pequeños trocitos de cristal y pudo comprobar la gravedad de la herida. Viendo que el corte había sido profundo decidió ir al hospital. Sintió la tentación de llamarla a ella para que le acompañara pero no sabía que excusa podía darle para tal situación, así que prefirió ir solo e inventar algo convincente.

Esa misma noche fue a su casa de nuevo. Cuando ella vio su mano quiso saber que es lo que había pasado pero él no sabía que responder. Se había pasado horas intentando pensar una mentira creíble pero no se le había ocurrido nada, así que bajo la cabeza y dijo que no quería hablar de ello. Ella, con gran dulzura, le dedicó una sonrisa y no indagó más en el tema. Le preparó algo de cenar y le propuso que se quedara a dormir. Él no sabía que decir. Por una parte le apetecía quedarse pero por otra quería estar sólo. Después de una tierna charla en la mesa decidió quedarse a dormir. Al día siguiente se levantó temprano para salir sin molestar de la casa pero ella se le había adelantado y ya estaba en la cocina preparando el desayuno. Era la persona más atenta que conocía. Ella le había enseñado tantas cosas que él era incapaz de recordar todos los momentos en que ella le había sacado de algún apuro o le había dado una buena lección. Al final, y sin poder evitarlo, se quedó a desayunar. Luego se fue a casa, se cambió la camisa, que aún seguía manchada de sangre, y se encaminó hacia el trabajo.

Amores sangrientos II

Una vez en la oficina se puso a pensar en su situación. Aquello no podía continuar así: la amaba demasiado para dejarla escapar, pero ella nunca renunciaría al hombre que con tanto amor le correspondía. Pasó todo el día absorto, buscando una solución a su problema. No le había contado a nadie su situación, pero ¿a quien acudir si su mejor amiga se había convertido en su obsesión? En aquellos momentos de incertidumbre se arrepintió de no haber sido más sociable en la escuela, la facultad, el trabajo… Había sido tan cerrado durante toda su vida que a penas había podido conocer a gente y ahora se sentía más sólo que nunca.

Después del trabajo decidió pasar a verla. Suponía que estaría sola, pero no fue así. Abrió la puerta lentamente esperando encontrarla en la cocina, pero no fue así. Escuchó voces al final de la casa y se dirigió hacia ellas. Venían del salón y no le gustaba lo que estaba escuchando. Se acercó sigilosamente a la puerta de la cocina y cogió el bastón que él utilizaba para sus largas caminatas por la montaña en días calurosos de verano. Con mucho cuidado de no hacer ruido se acercó al salón y a medida que se aproximaba a la estancia podía oír las risas y los besos provenientes de aquella habitación. El sofá daba la espalda a la puerta, lo que le proporcionó una mayor invisibilidad pero aun sin ver lo que allí sucedía él ya lo sabía. Allí estaba ella, besando y amando a aquel hombre que le dio la vida. De repente se abalanzó hacía su padre y le propinó 2 golpes en la cabeza con el bastón, lo suficientemente contundentes como para dejarlo inconsciente mientras su madre chillaba a unos pocos palmos del cuerpo sin conocimiento de su marido. Él lo tenía decidido: si no era suya, no sería de nadie. Una vez vio el cuerpo inmóvil de su padre en el suelo decidió rematarlo. El bastón con el que le había pegado tenía la punta de metal que permitía mejor adherencia al suelo montañoso y pensaba utilizarlo. Sin pensárselo dos veces, arremetió contra aquel hombre inconsciente clavándole el bastón varias veces en el pecho.

Ella no paraba de chillar y pedir auxilio. El intentó silenciarla tapándole la boca pero ella le mordió. No entendía como su propio hijo podía hacerle aquello tan horrible. Ella corrió hasta el teléfono y consiguió darle con él, dejándole unos minutos tumbado en el suelo. Aprovechó para llamar a la policía, pero justo cuando estaba dando la dirección de la casa, aún sin dar el motivo de su llamada él se despertó y le arrancó el teléfono de las manos atestándole un buen golpe en la cabeza. Su cabeza empezó a sangrar debido a la herida provocada por el golpe y al ver la sangre, ella, comenzó a chillar de nuevo, con la esperanza de que alguien acudiera en su ayuda. Él ya no sabía que hacer. Intentaba que ella entrara en razón y callara. Cuando se calmara se lo explicaría todo pero ella no quería entender, sólo chillaba y chillaba. No tuvo más remedio que coger el cojín y taparle la cara para que dejara de chillar. Lo haría sólo hasta dejarla inconsciente, no quería matar al amor de su vida. Su musa, su amada. Pasaron los segundos muy lentos hasta que ella dejó de agitar brazos y piernas, pero una vez lo hizo él paró. Entonces se dio cuenta de que ya era demasiado tarde, la había matado a ella también.

Allí se encontraba de repente, con las manos llenas de sangre y el cadáver de sus padres tumbados en el sofá. Se sentó a esperar a la policía. Sabía que tenía que pagar por lo que había hecho, pues no se sentía orgulloso de cómo había solucionado el problema, pero a la vez se sintió aliviado: él nunca podría poseerla, pero tampoco lo haría.

03 diciembre 2007

Tiempos antiguos



Oigo antiguas risas,
se clavan en mi memoria.
Recuerdos de antaño
se desvanecen con el tiempo.
Aún los hecho de menos
pero ya no me duelen.

Recupero esas noches
de largas historias.
Permanecen en mi mente
aquellas conversaciones.
Os recuerdo
y vuelvo a sonreír.

No quiero volver,
ya no me hace falta.
Aún así me acuerdo de vosotros
os echo de menos.
Me tumbo en la cama
y sonrío de nuevo.

Me acuerdo de hace dos días
y aún puedo veros.
Las risas, los saltos,
los chistes, las copas.
Las viejas historias,
que se recuerdan entre todos.

Me tumbo en la cama
y oigo la lluvia caer.
El otoño se desprende de las hojas
y yo voy dejando escapar recuerdos.
Me gusta conservarlos,
pero ya no son nostalgia.

Me gusta revivirlos,
pero quiero hacerlo en carne y hueso.
Como la otra noche,
cuando volvimos a reír juntos.
Faltaban algunos,
pero eso siempre pasa.

Quizás otro día
podamos estar todos juntos.
Es bonito sentiros
y no quiero perderos.
Escucho la noche
ella me trae vuestras voces.

Aún río con vosotros,
aún os recuerdo algún día.
Son tiempos antiguos
que reviven de vez en cuando.
Son tiempos antiguos
que no morirán nunca.

27 septiembre 2007

Un domingo más


Domingo, 4 de la tarde. El tiempo se ha parado en esta pequeña cafetería en medio de una gran ciudad. Nada es lo mismo dentro de estas cuatro paredes. El reloj deja de marcar la hora en su interior. Un ambiente relajado y añejo inunda la sala. Una rutina que me ayuda a olvidarme de aquello que no quiero recordar. Que me ayuda a evadirme de un mundo que no entiendo y que gira muy deprisa para mí. Me acaban de traer el café y quema. Normalmente lo pido con la leche natural, seguramente por las prisas del día a día, pero aquí me da igual. Seguramente pasaré gran parte de la tarde con este café, así que no me importa que no se pueda beber al instante. Abro mi libro, una bonita historia de amistad y aventuras, y me sumerjo en las amarillentas páginas durante un rato.

Al cabo de un par de capítulos levanto la vista del relato. Ya no estoy sola. Al fondo, en una esquina, le veo con su libreta de notas, como cada domingo. Un peregrino de esos que en cuanto encuentran un lugar tranquilo no cambian de hábitos. Le miro me y me sonríe. Supongo que yo también soy uno de esos peregrinos... Dos mesas a su izquierda una mujer parece perdida, sin saber donde mirar. En sus manos, un clásico: Macbeth de William Shakespeare. Me pregunto si estará allí por voluntad propia o por un caprichoso deseo del destino. Finalmente en la barra la camarera descansa tomando un café. Lee una de esas revistas que tanto están de moda sin apartar la vista de sus clientes. Es un lugar tranquilo y no necesita mucha vigilancia. Los que acudimos a él somos pocos pero siempre estamos bien atendidos. Ella siempre está ahí.

Mi café sigue ardiendo, como lo estaba cuando la misma camarera me lo sirvió. Me paro y observo lo que me rodea. Me gusta este lugar, es como volver a una época en que el tiempo no importa. Miro las paredes y pienso que deben guardar mucho recuerdos y secretos. Me lo dice el color amarillento de sus paredes, el desgaste de sus cuadros, las patitas de sus sillas. Sin embargo, es un sitio acogedor, uno de esos locales en que pasas la tarde como si no hubiera un mundo en el exterior, como si nada importara realmente. Vuelvo a posar mi mirada en mi libro, aquel que llevo todos los domingos a ese mismo lugar. Es un buen libro, lo he leído muchas veces, pero me enternece de tal modo que no puedo dejar de leerlo. Es como aquel que escucha una canción por primera vez y la ata a un recuerdo. Pasará días, meses e incluso años oyendo la misma canción, pero no importa. Esa canción es parte de un momento, de una vivencia terminada. Es revivir aquello que se aleja y que nos negamos a perder. Es recuperar aquello que alguna vez fue nuestro. Eso es también para mi ese libro.

Es hora de volver al mundo real. Un mundo lleno de peligros e incongruencias que nunca lograré comprender. Un mundo al que, de alguna manera, pertenezco y que, en cierto modo, también me gusta. Me levanto de la silla y voy a pagar mi café. Ella me ha oído y se levanta también. Ya me sé el precio, así que saco las monedas del bolsillo y se las doy. Ella sonríe y dice:

"¿Hasta el domingo que viene?"

"Hasta el domingo"

11 septiembre 2007

Te amo

Los primeros rayos de luz
entran por tu ventana.
Tú, aún en sueños,
extiendes el brazo, me buscas.

Al encontrarse nuestras pieles
tu brazo me acerca a ti.
Siento tu aliento muy cerca
y se me eriza todo el bello.

Tus manos acarician mi cuerpo,
le dan los buenos días.
Tus labios se acercan a los míos
y nos fundimos en un largo beso.

Eres, en ese momento,
una parte más de mi ser.
Sin ti nada tiene sentido,
nada tiene su color.

Te siento, formas parte de mí
y de mi alma.
Te amo como nunca antes
había amado a nadie.

Te necesito,
sin tus caricias mi piel se seca,
mis labios se marchitan
y mis ojos se inundad de lágrimas.

Te amo,
eres muy importante para mí.
Eres lo que siempre soñé,
lo que siempre busqué.

Una caricia tuya
me da la vida.
Un adiós de tus labios
se lleva parte de mí.

Quédate a mi lado.
Prometo amarte,
prometo hacerte feliz
y darte todo mi ser.

Estoy segura que si consigo
sólo hacerte sentir la mitad
de lo que tu me haces sentir
jamás te alejarás de mí.

30 julio 2007

Sueños de niñez

Anoche dormí entre colchones de algodón. Me refugiaba en los sueños que de pequeña me ayudaban comprender todo aquello que me rodeaba. Ha transcurrido mucho tiempo desde aquellos años, pero aún noto, como si fuera hoy, el frescor de aquellos sueños. "No crezcas nunca" te decían algunos. Pero de pequeños siempre soñamos en hacernos mayores. Pensamos que crecer es ganar en lujos y derechos, pero olvidamos o, mejor dicho, no sabemos que esos derechos comportan unos deberes que a veces son difíciles de asumir. Ahora, echando la vista atrás a aquellos sueños, deseamos volver a ellos. Volver a soñar con la única preocupación de las tablas de multiplicar, de que te dejen jugar en el recreo, de que te cambien aquellos cromos que tienes repetidos...

Soñar es no crecer, es saber que todo tiene un porqué, que todo tiene una solución. Debemos seguir soñando, volver a dormir en colchones de algodón sin perder jamás el contacto con el suelo. Dejarse llevar por aquellos sueños que una vez nos elevaron, dejarse acariciar por aquellas nubes de azúcar que se deshacían en la boca. Un parque de atracciones, una vuelta en bicicleta por el parque, una visita a la tienda de golosinas.

Que bonito es soñar, que bonito recordar la infancia. Aún duermo con aquel osito de peluche. Me ayuda a recordar la niña que jamás morirá en mí.

17 julio 2007

Mundos Oscuros

Soñaba con mundos oscuros,
Mundos de vampiros y brujas,
Para pasar así sus días fríos y duros.

Un mundo oscuro le protegía,
Un mundo negro y sombrío.
Un universo que sólo el entendía.

Las velas en la oscuridad
Y los ritos entre montañas
Ayudaban así a soportar la soledad.

Los besos fríos y oscuros
De alguna dama de las tinieblas
Le hacían volar sobre ríos y muros.

Un mundo de sombras
Que ocultan toda esa vida
Que se alimenta de sobras.

Sobras de aquellos que quieren vivir
Sin pararse tan sólo a pensar
Que algún día deberán morir.

Sumido en oscuros pensamientos,
De un negro pero tierno corazón,
Vive eternamente escondiendo sentimientos.

Su inspiración para escribir
Son cementerios y viejas iglesias
Que le ayudan a no morir.

Vida en mundos de azabache,
Sumido en eterna depresión,
Confía salir de este bache.

Sumido en su mundo de ropas negras
Se desvive por chillar al mundo
Que no sigue ni sus propias reglas.

Gritos ahogados en la inmensidad
De la negrura de la noche
Que sin pensarlo aguardan piedad.

Un mundo de negrura
Llena su vida y su ser
Para llegar a vivir una vida segura.

Sueña con mundos oscuros,
Mundos de vampiros y brujas
Donde muchos como él se sienten seguros



03 julio 2007

Quiero sentirte

Oigo el ascensor parar
Tus pasos en el pasillo
La llave en la cerradura
Y finalmente, tu voz.

Te paras frente a mí
Tus ojos me miran
Mi cuerpo se estremece
Y vuelvo a sentirte.

Tus labios sobre mi piel
Cual pluma me recorren
Mi cuerpo te siente
Y mi alma se enciende.

Mis sentidos se nublan
Al paso de tus besos
Mis labios te buscan
Y con afán te desean.

Vuelvo a sentirte
Tus dedos me acarician
Me pierdo en el deseo
Y me fundo en tu cuerpo.

Vuelves a amarme
Como lo hiciste la última vez
Vuelves a quererme
Como si no hubiera sido ayer.

Dejemos la imaginación volar
Ella nos guiará los pasos
Dejemos que este momento
Nos acompañe durante años.

Quiero que esto no termine
Quiero sentirte siempre así
Quiero que la vida sea un sueño
Y quiero soñar junto a ti.

27 junio 2007

Soñé



Hoy he vuelto a soñar.
Soñé que las cosas mejoraban.
Soñé que no había ocurrido.
Pero pronto desperté.

Sonó el despertador,
mi vida era la de siempre.
Una mañana más, la rutina
y ese pesado despertador.

¿Siempre había sonado igual?
No, hubo un tiempo en que era mejor.
Un tiempo en que era feliz.
Un tiempo en que las cosas iban bien.

Me volví a dormir.
Soñé que vivía otra vida.
Soñé que era una vida mejor.
Pero volví a despertar.

Otra vez el despertador.
Otra vez la rutina.
Me levanté, me vestí y me fuy.
Otra vez la misma calle.

Una rutina que agobia.
El mismo trabajo.
La misma gente.
El mismo mundo.

Por fin, el fin de semana!
Soñé que salía.
Soñé que reía.
Y soñando se fueron mis días.

Las cosas siguen igual.
Los hechos no cambian.
Mi vida sigue su rutina.
Mi salida: mis sueños.

Soñé que todo mejoraba.
Soñé que la vida cambiaba.
Soñé que la rutina menguaba.
Pero me di cuenta que sólo soñaba.

25 junio 2007

Recuerdos de una niña

"Diana a la cama!!"

Era la peor frase del día para ella. Sabía que cualquier noche le volvería a pasar e intentaba por todos los medios que su madre durmiera con ella. Sabía que junto a ella estaba segura y que él no se atrevería a entrar. Pero llevaba meses haciendo que su madre durmiera a su lado.

"Esta noche no, cariño. Debes aprender a dormir sola. Los fantasmas no existen..."

Si fueran realmente fantasmas... Eso sería mucho mejor que lo que le pasaba las noches que su madre no dormía con ella. Tal vez si le contara a su madre la verdad sería todo más fácil, pero le daba tanta vergüenza que no se atrevía a decírselo a nadie.

"Hoy no puede ser, mi vida. Mañana me quedo contigo ¿Vale?"

Esa era su última decisión y parecía irrevocable. Las 11 de la noche y ya no podía poner más escusas. Se había lavado los dientes (2 veces), se había duchado, se había cambiado, había hecho los deberes... Había llegado la hora. Cerró la luz, su madre ya se había ido a dormir y ella podía oír el televisor que hablaba en la sala de estar. Mientras aquel televisor estuviera encendido no habría problemas. La angustia se apoderaba de ella, la oscuridad se adueñaba de la habitación y no podía evitar temblar.

El momento era inevitable y al fin el televisor dejó de sonar. Cerró con fuerza sus ojitos y se hizo la dormida, pero eso tampoco funcionó. Al cabo de unos segundos su padre entró en la habitación.

"¿Estas dormida cariño?"

Ella no contestó y él se acercó sigilosamente a su cama. Con mucho cuidado levantó las sabanas y le quitó la ropa. Ella no hacía más que apretar sus puñitos y sus labios. Y en el escritorio esa maldita cámara. ¿Quien podría ver aquello?. Una vez más no opuso resistencia. Él la penetró, suave, pero aún así le dolía. Ella ahogó un grito, esperó y por fin el terminó.

"Lo siento cariño. No es nada malo. Verás como poco a poco te acostumbras y te gusta."

Ella sabía que eso no era cierto. Tenía 8 años pero sabía que nunca se acostumbraría. Pero, ¿Qué podía hacer? No podía decírselo a nadie, le daba tanta vergüenza...

Luchó por olvidarlo, por contarlo, pero nunca lo hizo. Jamás se atrevió a contar esto a nadie. Hasta ahora. Se sentía desnuda frente aquel hombre que acababa de conocer. Él conocía su mayor secreto y ni siquiera sabía si le volvería a ver. No sabía porque le contaba todo esto, quizás necesitaba contarlo a alguien a quien no le preocupara. Pero ya daba igual. Con 40 años, todo aquello quedaba como una pesadilla. Una pesadilla que nunca lograría olvidar. Un cuento tenebroso que marcó su vida y la hizo una persona solitaria. Hoy baga por la vida, con su trabajo humilde, sus humildes amigos y su humilde triteza.


15 mayo 2007

Sin rumbo

Hacía mucho tiempo que se había marchado. Muchos años atrás decidió dejar cuanto conocía para recorrer mundo. Consideró que ya era hora de volver, se sentía sólo y desamparado, sin ningún objetivo claro. Había pasado años buscando una sabiduría que después no le aportó lo que necesitaba. Ahora, sin rumbo ni objetivos vagaba por el mundo como un alma en el purgatorio. Sabía que debía decidir y escogió la opción más fácil: volver a casa. Quizás tampoco era tan fácil, al fin y al cabo nunca es fácil volver con el rabo entre las piernas. No obstante, lo había decidido y llevaba meses viajando para llegara lo que algún día fue su hogar. De repente, se encontró frente a su ciudad natal, aquella que le había visto nacer, crecer e irse. Las dudas recorrían su cabeza y retumbaban su cerebro como si se tratase de martillos. Se pasó unos minutos contemplando aquella magnifica vista antes de adentrarse entre la multitud.

La ciudad había cambiado mucho y ya no sabía donde encontrar a su familia así que preguntó. Aún con el paso de los años, la ciudad no había aumentado demasiado de tamaño, pero parecía una ciudad distinta. Preguntó aquí y allá y nadie era capaz de guiarle, sin embargo alguien le abordó de repente. Una anciana con la piel arrugada y blanca estaba dispuesta a llevarle a su casa por un módico precio. Él accedió a pagar, el dinero había perdido su valor frente a los ojos que tanto hacían descubierto. Ahora sólo importaba llegar a casa. Pensó en cuando había partido. Recuerdos, dudas y nostalgia invadieron su ser. Pasó todo el camino absorto en sus pensamientos sin reparar casi en la anciana que le guiaba. Había vivido tantas cosas en aquellas calles que le era casi imposible retener la lágrima que resbalaba por su mejilla.

Pasaron unos diez minutos hasta que la anciana le señaló la casa. Se acercó sigilosamente y se plantó en frente de la puerta. No se atrevía a entrar. Había pasado tanto tiempo fuera... Estuvo allí veinte minutos, plantado frente a la puerta sin atreverse a llamar. Al fin cogió sus pertenecías y dio media vuelta. No tenía derecho a hacer eso. Ellos se convencieron de que no le verían más y ahora él no podía pedirles comprensión. Fue una decisión tomada hacía muchos años pero sabía que era una decisión irreversible.Lo sabía entonces y lo recordaba ahora. No tenía derecho a hacer más daño a aquella familia que tanto había llorado por él. Era el momento de tomar una decisión más acertada. Debía enfrentarse a sus problemas sólo.

Salió de la ciudad y comenzó a caminar, otra vez sin objetivos. Era su sino, había decidido partir hacía mucho y ahora debía asumirlo. Después de aquello ya no le quedaba nada, solo podía seguir caminando sin rumbo...

08 mayo 2007

Pánico en la oscuridad

Hace tiempo que no le tenía miedo a la oscuridad. En realidad no logro recordar si alguna vez le tuve miedo. Creía que estas cosas son sólo les pasaba a los niños pero desde el otro día mi punto de vista a cambiado...

Todo empezó hace unas noches. Como siempre pasé un buen rato a la luz de una vela, pensado y reflexionando en lo que el mundo me da y me quita, cuando de repente la vela se apagó. Una ráfaga de aire inundó la habitación.Puertas y ventanas estaban cerradas pero esto no impidió que entrara el aire, que traía con él algo extraño. En unos segundos la habitación se quedó a oscuras y pude notar la presencia de lo que había traído aquella extraña cortina de aire. No me habló, no me tocó, sólo respiraba con una intensidad que hubiera logrado asustar al más valiente. Se notaba su presencia pero, a causa de la oscuridad absoluta que reinaba en la habitación, no lograba ver que es lo que tenía frente a mi. Me quedé paralizado frente aquella situación y en cuanto reaccioné mi instinto me empujó a encender la luz del cuarto pero no funcionaba. No lo dudé ni un instante y fui en busca de la vela para encenderla de nuevo. La presencia me perseguía. Al fin, alcancé la ansiada vela pero, inexplicablemente, las cerillas estaban mojadas. No lograba explicarme que estaba pasando. De repente me quedé paralizado, una fuerza extraña no me dejaba moverme. Aquella presencia se acercaba a mi, cada vez estaba más cerca. Noté su aliento en mi cara y me estremecí al notar su presencia tan próxima a mí. Fueron unos momentos angustiosos. No se como ni porqué de repente las luces se encendieron. Yo estaba en medio de la habitación, paralizado por el pánico o alguna extraña fuerza, aún no lo se. Me acerqué al espejo, no tenía ningún rasguño, sólo una extraña marca en el cuello. Ahora cada vez que se acerca la noche noto como la marca palpita y me aterroriza pensar el origen de la misma.

Desde aquel día no puedo dormir, no me atrevo ni estar a la luz de la vela. Le tengo miedo a la noche. Fuera lo fuera lo que me visitó, no era humano, quizá tampoco era un espíritu, pero se que si vuelvo a apagar la luz aparecerá de entre las sombras y quizá esta vez no salga ileso. No puedo pensar que es lo que me pasaría si ese ser volviera, si esta vez quisiera llevarme. Estos pensamientos inundan mi mente noche tras noche y sólo llego a la conclusión de que ahora se lo que es el pánico a la oscuridad.

02 mayo 2007

Sufrimiento de mujer

Otra vez suena el despertador, son las 5 de la mañana y, como cada día, ha de levantarse a prepararle el desayuno a su marido. Ha de salir de la cama con mucho cuidado, pues si le despierta antes de hora se enfadará. Ella sabe que su marido se enfada con mucha facilidad y entonces, cuando la furia se apodera de su ser, él la pega. Ella no dice nada, ella sabe que su marido no es malo, sólo un poco violento. Va a la cocina y prepara el café con unas tostadas, procurando que éstas no se tuesten demasiado. A él no le gustan quemadas. Ya es la hora. Suavemente se acerca a la habitación y le llama, con suavidad y dulzura. Él se despierta, ni siquiera mira a su mujer. Se va al baño, se come el desayuno y se marcha sin darle ni un triste beso. A ella no le importa, sabe que su marido no es malo, solo un poco despistado. Pronto llega la hora de despertar a los niños, les viste y les lleva al colegio. Es una madre genial.

Por fin sola. No es que su familia le incomode, pero sola se siente segura. El sol sale de nuevo cuando nadie la vigila. La mañana pasa volando, las compras, la casa... Todo tiene que estar dispuesto cuando su marido llegue. Los niños comen en el colegio pero su marido va a casa. A la 1.30 p.m., sin falta, la comida debe estar en la mesa, si no su marido se enfada. Pero ella es buena ama de casa y casi nunca llega tarde. Esta vez se ha retrasado 5 minutos. Su marido llega y la comida no está en la mesa. Se enfada y la golpea violentamente tirándole encima el contenido caliente del plato que ella iba a servirle. Ahora ya está hecho, no hay vuelta atrás. Enfadado coge la puerta y se va. El portazo retumba en la escalera, la situación es desesperante. Ella tirada en el suelo y la cocina sucia con los platos rotos y la comida por el suelo. Pero ella no llora, sabe que su marido no es malo, sólo estaba cansado. Se levanta del suelo y empieza a recoger.

Al fin la cocina queda reluciente y las meriendas de los niños hechas. La casa está impecable. Pero ella no puede más. Lleva así tanto tiempo que ya no sabe de que color es el cielo cuando no llueve. Ha tomado una decisión y hoy será el día. Va a buscar a los niños y los lleva a casa de su madre. Ésta ve los moretones, pero no pregunta, sabe por propia experiencia de que son. Esperaba que su hija no pasara por lo mismo pero ella no podía evitarlo.

Sola en casa, los niños en casa de la abuela y él en el bar, hoy sería el día. A las 8 él llega, furioso porque la cena no esta hecha. Pero hoy da igual, ella le espera en la cocina. Al verla se abalanza sobre ella pero justo en ese momento ella saca el cuchillo que escondía tras de si y lo hunde en su abdomen. La sangre inunda la cocina. Él yace muerto encima del charco rojo y ella, en el baño, ha puesto fin a su sufrimiento también. Sabe tan dulce la muerte cuando en vida se ha sufrido tanto... Hoy era el día. Ahora sabe que su marido no es bueno, sólo un animal.

30 abril 2007

Nostalgia de otros tiempos

Otra vez esa sensación,
Vuelve para torturarme.
¿No pagué ya los errores de mi pasado?
¿Por que he de seguir encerrada en lo mismo?


Siempre vuelve a mi ese sentimiento.
No se como podré desacerme de él,
Pero se que algún día desaparecerá.
Se irá y me dejará sola


Volaron los deseos del pasado.
Expiró la inocencia de la infancia.
Crecer es madurar
Y madurar es morir lentamente.


Miro atrás y el pasado parece mejor.
Puedo sentir sus dedos acariciando mi piel.
Puedo sentir su aliento cerca de mi.
Pero ya se fue, el pasado no volverá.


Todo cambia y el mundo da vueltas.
Puede que mañana la nostalgia desaparezca.
Pero el pasado seguirá ahí,
Torturando mis sentidos.


No es todo nostalgia.
No quisiera volver atrás.
Es sólo una sensación.
La sensación de no querer borrar mi pasado.


No pretendo vivir en él.
No pretendo guardarlo siempre.
Sólo quiero que aquello que viví
No vuelva a mi memoria en forma de nostalgia.


Es probable que el futuro sea mejor,
Pero siempre añoraré algo de lo que fui.
Tal vez son los errores del pasado
Los que no me dejan prosperar.


Alguna vez oí que para seguir adelante
Hay que dejar el pasado atrás.
Yo no puedo, siempre vuelve a mi.
Siempre con la misma sonrisa.


26 abril 2007

El territorio sin nombre

Hoy vendrá de nuevo, seguro.
Aparecerá con sus manos siniestras y me agarrará del brazo como de costumbre.
Luego me llevará a aquel territorio sin nombre ni dueño, donde todo es oscuridad y chillidos.
Miles de niños chillan horrorizados ¿O quizá son adultos?
No lo distingo, pues el terror que me invade no me deja pensar.
Se que como cada noche recorreré esos parajes guiada por la horrenda criatura que me lleva.
No se como es. Jamás he visto su rostro, pero me lleva y me trae en la soledad de la noche.
Nunca me ha hecho daño, pero se que lo hará.
Se que algún día me dejará encerrada y chillaré como las demas almas atormentadas del territorio sin nombre.
Pero hoy no será el día.
Hoy vendrá, me llevará y me devolverá a la tranquilidad de mi hogar.
Disfruta con ello, disfruta sabiendo que me aterroriza pensar en la llegada de la noche.
Ya esta aquí...
Noto su presencia...
Su risa silenciosa...
No quiero ir...
No tengo elección.